Ya no Subas al Dragón
Cuando estás enojado, debes saber que tienes un hacha para cortar con eso. Más allá de lo que ves como el evento que te incita a encender el fuego dentro de ti, has estado llevando contigo cierto rencor con el universo. Del mismo modo en que tu amor siempre se puede encender, también tienes una vena de resentimiento dentro de ti. Puedes acumular tu enojo explosivo en muchas cosas, pero una chispa enciende la dinamita que habías almacenado ahí. ¿Comprendes? Tú eres responsable por tu enojo. Eres su dueño. Es todo tuyo.
Si esas explosiones de tu enojo dejaran cada vez menos enojo disponible… pero, de este modo, persiste la misma cantidad, quizás más, porque una vez más sientes la injusticia de no ser escuchado. No importa cuán justificada y lógica sea la causa de tu enojo, la supuesta causa sólo enciende más las brasas que ya estaban ardiendo.
Este volcán de enojo dentro de ti, inactivo o activo, restringe tu alegría. El enojo está ahí. Sumergido, enterrado bajo las cenizas volcánicas, no importa, está ahí.
Entonces preguntas, “¿Dios, cómo puedo deshacerme de todo mi enojo? Tienes razón. A veces no tengo idea de que está ahí, y luego alguien enciende un fósforo, y mi enojo estalla. Dios, tengo un dragón de enojo dentro de mi, y no sé que hacer con eso. ¿Cómo puedo quitarlo? Si no puedo quitarlo, ¿cómo hago para apaciguar a este dragón? Entiendo lo que dices, que soy el recipiente de mi propio enojo. Entiendo que dices que no debo tenerlo. No tengo que dejar que me consuma el enojo. También comprendo cuando dices que realmente soy amor. Ayúdame, Dios, por favor, a quitar mi enojo, y ¿quitarías el enojo de toda la Tierra? Yo sé que el enojo no vale la pena. Sé que nadie se beneficia con el enojo. Parece que no soy capaz de eliminar mi enojo, y no sé como tolerarlo. No sé qué hacer. Ayúdame a hacer que reine el amor. Ayúdame a abolir el enojo de mi corazón. Ayúdame a barrer incluso las cenizas del enojo que hacen que me pese el corazón.”
Amado, en algún lugar en tu mente, debes pensar que el enojo te sirve. Debes pensar que el enojo es tu derecho, que te lo has ganado. Debes pensar que debes defenderte, que quizás es tu virtud. Puedes pensar que debes proteger tu nombre. O quizás debes darle rienda suelta a tu enojo con alguien o con alguna otra cosa de modo que tu enojo no se vuelva contra ti.
Una vez fuiste un niño indefenso. Expresabas tu reconocimiento de impotencia con lágrimas y luego conteniendo las lágrimas y dando golpes, incluso si los golpes eran contra tu almohada o de tu cabeza contra la pared. Todo el enojo hace que te golpees la cabeza contra la pared.
Reconoce que ya no estás indefenso. Ya no estás indefenso. Ya no estás indefenso ni necesitas estar a entera disposición del enojo. Puedes ignorar ese dragón del enojo. El dragón te dirá que tienes el derecho de hacerlo. Ahora sabes que no tienes derecho a enojarte. Tienes derecho a amar. No tienes derecho a quedarte atrapado en el enojo.
El dragón del enojo no tiene que llevarte en sus brazos ni lanzar sus llamas a través de tu boca. Admite en este preciso momento que no necesitas que el enojo te sostenga. Admite que no tienes que votar a favor del enojo. El enojo no es un dragón realmente. Es un pequeño niño indefenso, nada más que eso. Deja de subirte a ese dragón. Mejor, monta a caballo. Date consuelo en lugar de enojo. Quema ese dragón y no lo vuelvas a alimentar.
Translated by: Cecilia RPermanent link to this Heavenletter: https://heavenletters.org/ya-no-subas-al-dragon.html - Thank you for including this when publishing this Heavenletter elsewhere.
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