Heavenletters™ Nº 3335: COMPARTAN SUS CORAZONES, AMADOS - 12 de enero, 2010
Apóyense en nada. Dejen ir todo. Nada les pertenece. Ni siquiera ustedes mismos. Ustedes no son dueños. La pertenencia es una ilusión.
Hay mérito en el dicho que reza que tú eres el dueño del cielo. Eres dueño de las estrellas. Eres dueño de los planetas. Son tuyos. También son de todos. De lo contrario, amados, ¿qué poseen?
Apropiarse es un juego. Los objetos van y vienen. Posees una casa. Un instante después la vendes. Alguien más la compra. ¿Qué sentido puede tener el poseer?
En realidad no eres dueño de tu cuerpo. Está aquí y allá por un tiempo. Te lleva, sin embargo existe una teoría de que tu cuerpo te puede llevar a cualquier lado.
Te gusta creer que eres dueño de tu mente, y sin embargo puedes no estar dispuesto a asumir la responsabilidad de tus pensamientos. Muchos de tus pensamientos han sido espontáneos, y sin embargo, los has recibido. Te los agarraste. Tal vez entraron en tu cabeza como un extraño que invade tu casa. ¿Qué harías tú con un invasor en tu casa? Es probable que no lo invitaras a quedarse. No lo querrías, y no tendrías lugar para él, y sin embargo te quedas con los pensamientos impuros. Deja ir los pensamientos que te han invadido, o los que has comprado. Déjalos ir como ropa vieja de tu armario. Ellos simplemente ya no te quedan más, si es que alguna vez lo hicieron.
No eres dueño de tu propio corazón. Intentas controlarlo, y, a veces lo rompes. Tu corazón sólo se puede romper cuando llevas a cabo la idea de que eres dueño de algo, de algún otro corazón, por ejemplo. Amados, ¡ni siquiera son dueños de sus propios corazones! Inmersos en la idea de las posesiones, sus corazones se tensan. Se sabe en el fondo que no poseen. Si no te imaginaras el sentido de pertenencia, tu corazón no se podría partir en dos, un corazón relajado no se rompe.
La posesión es un peso. Creer que se posee es un peso. Les impide ser libres.
¿Qué le pertenece al viento? Sopla hojas, sin embargo, no presume que posea todo lo que se mueve alrededor. El viento es tan libre como un pájaro que viene y va.
Un árbol no posee. Tiene su lugar. Sus raíces son profundas, y sin embargo, un árbol no piensa en poseer o no poseer. Un árbol está abierto a los elementos. Algunos árboles son capaces de doblarse. Algunos árboles son demasiado firmes como para doblarse, pero ningún árbol presume poseer. Se queda donde está, haciendo caso omiso a tal pensamiento de pertenencia.
El sentido de pertenencia puede que te haga sentir bien, sin embargo, te mete en problemas. Puedes ir a corte por el mismo. Puedes ir a corte por una bambalina.
En lugar de tener pensamientos restrictivos, como que eres propietario de las cosas en el espacio, empieza a pensar en ti mismo como un caritativo o incluso un donante. Eso aligera tu paso.
Si tienes un título de propiedad de una casa, no quiero decir que la regales. Cuando alguien se acerca, sólo compártela. Con o sin compañía, disfruta de tu casa, y sin embargo no te adueñes. Te fue prestada por un rato. Bendito eres por vivir ahí, y sin embargo no eres su dueño. Sabiendo eso, no le perteneces a ella.
Desencadénate a ti mismo de poseer. No hay nada que tengas que tener. Disfruta de todo. No te adueñes de nada.
Eres un nómada, amado. No hay lugar permanente para establecerse. Tú eres un inquilino del Universo. El Universo es tu hogar. Y sin embargo, como alquilado que eres, compartes el Universo con un elenco de miles, en realidad con un reparto más grande de lo que puedes contar. Eres partícipe, para compartir. Vives lado a lado de tus vecinos que son transitorios también. Compartan su corazón, amados.

