Un Bosque de Encantamiento
Vives en un Bosque de Encantamiento. A veces la maleza es espesa y hay zarzamoras. Y a veces hay claros llenos de sol. Tu atención puede quedar atrapada en las zarzamoras. Puedes quedar tan atrapado que todo lo que ves son las zarzamoras. Estás tan ocupado prestándole atención a las zarzamoras que te olvidas de los claros. ¿Y qué te recuerdan las zarzamoras y el Bosque del Encantamiento, amado? Oscuridad y luz. Densidad y libertad.
En tu vida, siempre fue como si caminaras con una lupa. Descubres cada detalle y los detalles consumen tu atención.
Comienzas a pensar que sólo te encuentras en este espacio lleno de malezas. Estás rodeado por él. De algún modo, comienza a gustarte tu lucha. Puede que te guste refunfuñar por las zarzamoras, los insectos y la picazón. Desearías poder salir de ahí, pero ves zarzamoras y más zarzamoras. Ves una cosa mala detrás de la otra. Llega un momento en que lo único que ves son las zarzamoras. No ves los claros, pues las zarzamoras te arañan para tener tu atención. No ves los claros por culpa de las zarzamoras.
Incluso podría llegar un momento en el que te olvides de que los claros existen. Podrías pensar que los claros son sólo oasis, un lugar hermoso que no existe realmente. Puedes volverte realista. Lo que no puedes tocar, ver, o escuchar es fantasía, y lo que puedes ver, tocar o escuchar es la única realidad para ti. Te enjaulas, amado.
Te colocas en una especie de jaula, y permaneces allí. La puerta puede estar abierta, pero tú permaneces allí. Esto muestra cómo los bordes que te encierran son los límites de tu mente. Ves al pasado, no importa cuánto lo malinterpretes, como si fuera permanente. Te sentencias al pasado, y lo perpetúas. Incluso conviertes a esos límites en los que te ubicas en un dios.
Todos los límites que te impones son arbitrarios.
No importa cuán afianzado hayas estado, ahora estás quitando las barreras. Calientas los músculos de tu corazón y doblas las barreras. Las barreras que parecían tan impenetrables se han convertido en un paño flexible. Te aventuras. ¡Guau! ¡Qué plantación tienes por delante! Allí adonde llega tu vista hay un claro. Los animales retozan ahí. Los pájaros cantan ahí. Aprenderás a cantar, y, no importa cuán brillante esté el sol, no necesitarás de anteojos.
Todo el tiempo que estuviste en el Bosque del Encantamiento pensaste que estabas en el Bosque de las Zarzamoras. Es como si te hubieras hipnotizado a ti mismo. Seguramente sabes que estuviste bajo los efectos de un hechizo. Naturalmente, sabes que no tienes que permanecer donde estuviste. No importa si siempre estuviste ahí, no tienes que quedarte. Eres libre de irte.
En las Zarzamoras está oscuro. Tú debes estar en la Luz. Provienes de la Luz.
Las espinas crecen más y se vuelven más filosas cuanto más las miras.
Lo mismo sucede con respecto a la Luz. Cuánto más te focalizas en la Luz, más crece. La Luz no crece realmente, pero se vuelve más evidente. Amado, todo lo que tienes que hacer es tomarte un minuto y mirar hacia otro lado.
No puedes hablarle a las estrellas de la boca para afuera y que quede así, al menos no por mucho tiempo. Para disfrutar de las estrellas tienes que buscarlas. Tienes que descubrirlas, y descubrirlas con frecuencia. Si quieres hamacarte en las estrellas, tienes que saber dónde se encuentran. Búscalas y las verás, y ellas te verán a ti. Notarás que ya no te encuentras en las zarzamoras. Has dejado de convencerte de que las Zarzamoras eran para ti.
Translated by: Cecilia RPermanent link to this Heavenletter: https://heavenletters.org/es-a-forest-of-enchantment.html - Thank you for including this when publishing this Heavenletter elsewhere.
Your generosity keeps giving by keeping the lights on

