El Océano de Dios
Todos disfrutan de esta fluctuación a la que llamas vida. Todos los pormenores están llenos de gloria. El ingreso a la vida en la Tierra está lleno de gloria, y la salida también. Es un baile, este zigzagueo. Es un desfile. Tienes una debilidad en este episodio en la Tierra. Lo amas tanto que a veces has pensado que este interludio es lo único que existe. Ves una línea marcada a lo largo del horizonte como la que trazaría una regla de madera. De doce pulgadas, quizás, y tú concluyes que esa es toda tu vida, esta breve línea que comienza y termina en la Tierra.
Cuando la línea comienza, hay júbilo. Cuando la línea se corta, hay luto. Y tú, antes de tiempo, a veces estás de luto, como si algo grave hubiera sucedido, cuando mudarás la piel del mundo y continuarás sin la densidad. ¿Qué sucedió, amado? ¿Qué crees que comienza y termina cuando no hay comienzo ni final? Lo único que puede suceder es que cambie el paisaje. ¡Te mudas a otra ciudad muy cercana a la cual habitaste por un período ilusorio de lo que tu llamas vida en la Tierra!
Por supuesto, todo el tiempo, tienes los pies en dos botes, uno llamado Tierra y otro llamado Cielo. Cuando abandonas tu cuerpo en la Tierra y vuelas al Cielo, lo único que sucede es que abandonas tu cuerpo y vuelas al Cielo. ¿Por qué no es motivo de celebración señalar tu ascensión y adquisición del Cielo por tiempo completo, el Cielo sólido, tú imponiéndote al Cielo sin la ilusión de seguir un argumento y creer en él?
¡Qué maravilloso es cuando abres tus alas y vuelas concientemente y completamente hacia Mí! En Verdad, amado, no hay transición. Todo es una especie de "como si", como si tú estuvieras alguna vez en cualquier lugar que no sea Conmigo. Cuando abandonas la Tierra, en ese entonces realmente empacas todos tus problemas y los dejás atrás. Ni siquiera es que los dejas atrás. Desaparecen de la vista. De todos modos, nunca existieron realmente. No importa cuán reales te hayan parecido, siempre fueron evanescentes. Fueron una nube de humo, y eso es todo lo que fueron. No importa cuán trascendentales hayan sido para ti, no fueron más que las olas que quedan en la estela de un barco. Ni siquiera fueron eso. Las olas fueron tus pensamientos contorneados en cierta forma. Los problemas eran una cunita que hiciste con hilos, y cada construcción desapareció con la aparición de la siguiente, y ninguna de ellas existió realmente. ¿Cómo y dónde existirían cuando fueron mero movimiento por un momento?
Adonde está el tiempo, la realidad está escondida. Hay una apariencia, y se llama vida en la Tierra. La vida es una novela escrita en la arena o en las olas del Océano. El agua de océano en sentido literal no se consume por la preocupacón. Las olas saben que son olas. Son el océano, pero son olas. No es gran misterio para ellas el ser olas. Es lo más natural del mundo que se armen y desarmen. Simplemente, disfrutan del movimiento. No conocen la pérdida. Cuando la ola está en su curva, lo toma como algo natural, y disfruta. Una ola se sube a si misma. Es como un pez feliz, nadando en el océano que ama.
Y por lo tanto tú eres una ola que nada en el Océano de Dios. Ahora entérate de que eres el océano en el que nadas.
Translated by: Cecilia RPermanent link to this Heavenletter: https://heavenletters.org/el-oceano-de-dios.html - Thank you for including this when publishing this Heavenletter elsewhere.
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