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Los Remordimientos son algo que hay soltar- Heavenletter # 2705 Abril 21, 2008

Dios dijo:

Cuando tienes recelos, cuando el remordimiento te punza, lo que hay que hacer es dejar que todo se vaya y nunca permitir que lo que causó los recelos ocurra de nuevo. Quizá dijiste una mentira que hirió tanto el corazón de otro como el tuyo. Pudo haber sucedido hace años y eso aún te molesta. Este lamento, ese remordimiento es como una astilla y como toda astilla, tienes que quitarla.

Quizá alguna vez tuviste miedo. Ten valor ahora. Parte de ser valiente es dejar ir los errores del pasado, de lo contrario, continúas hiriéndote a ti mismo.

Si lo que hiciste ya no se puede deshacer, algo que pudo haber sido muy grave o no continuarías repasándolo y ya no puedes encontrar a la persona a quien ofendiste para decirle que lo lamentas, entonces debes decirte que lo lamentas y que nunca permitirás que algo así vuelva a ocurrir. Deberás borrar tu ofensa de tu mente y dejar de mirar atrás. Las heridas no son para que se infecten, amado. No hay mérito en volverlas a abrir.

Hay mérito al dejarlas atrás. Una cicatriz es una cicatriz. Cuando tienes una cicatriz física, sabes bien que no hay que cavar en ella. Más aún con las heridas emocionales que pudiste haberte causado tanto a ti como a otro, persistes en apuñalarte una y otra vez. Hundes más profundo el puñal sobre un error y te empequeñeces.

Yo te prevengo para que dejes de arrepentirte por el pasado. Busca otra ocupación. El lamento en tu corazón no es útil ni vale la pena. Tienes mejores cosas qué hacer que recriminarte. Si necesitas del perdón, entonces debes saber que no hay nada qué perdonar. Hay algo qué soltar y si eso asciende al perdón, amado, entonces perdónate y suéltalo. Llámalo perdón o no, borra ahora los pensamientos que te envenenan. Así como Yo te diría que no guardes nada en contra de otro, Yo te digo que no guardes nada en contra tuya. No eres un fantasma del pasado para que continúes atormentándote.

Cuando hiciste lo que hiciste, ya lo sabías bien y aún así lo hiciste. Lo hiciste para engañar a la multitud. Lo hicieron para obtener algo material y ahora te castigan constantemente. Te pido que dejes de hacerlo, amado.

Te castigas pensando sobre las posibles repercusiones de lo que hiciste, del daño tan irreparable que pudiste haber hecho. No hay daño irreparable, amado, ni siquiera hacia ti. Así que ahora debes repararte a ti mismo para no dañarte más. Quizá cuando lo sueltes, aquel a quien ofendiste también pueda hacerlo. Incluso si el ya no se acuerda en absoluto de lo ocurrido, aún así podrá soltarlo.

Desde luego, lo ocurrido te enseñó a ser más comprensivo y compasivo. En el momento, incluso si sabías que no era correcto, no pensaste más allá de ese instante. No te tomaste el tiempo para analizar las palabras o acciones que elegiste. Entonces eras un niño. Serías tan rencoroso con otro niño? Por favor recuerda que tú eres Mi niño y la Regla de Oro sugiere que debes tratarte a ti mismo tan bien como tratas a otros.

Serás más amable contigo hoy? Dirás de una vez por todas: “Lamento lo que hice. Mientras más lo lamente, más soltaré la culpa.”

Tomarás tu ofensa, cavarás un hoyo y la sepultarás? Entonces bendícete a ti mismo y a aquel al que pudiste haber traicionado con todo el conocimiento de que tú te traicionaste y ahora debes dejar de descargar la venganza sobre ti mismo. La venganza no es dulce, es amarga. Yo deseo que tú seas dulce y gentil con todos Mis hijos y eso te incluye a ti. Yo no hago excepciones. Ahora haz esto por Mí.