Dios dijo:
Escúchenme, hijos Míos. Si yo me expresara como ustedes con frecuencia lo hacen, podrían escucharme diciendo que Yo estoy solo en el desierto y que nadie escucha Mis súplicas. Ustedes nunca Me escucharán decir eso, sentirlo o pensarlo. ¿Es que a veces ustedes se sienten así?
Mi única súplica es que ustedes Me escuchen. Cuando lo hacen, ustedes reciben amor. Reconocen el amor que ustedes reciben. Yo les digo con franqueza, nada puede resistirse a Mi amor.
Sé perfectamente cómo les parece el mundo – a menudo sin amor. No existe tal cosa que la falta de amor. Existe la apariencia de ello. Sin embargo, en otras cosas, ustedes saben que las apariencias no siempre son así. Ahora Yo les digo que la apariencia de la falta de amor no es verdad. La apariencia es sólo una distracción de la concentración.
Hay algo en Mis hijos que quiere oponerse a algo. Los atrae un juego de tira y afloja. Les gusta lamentar al mundo. Pueden decir que no les gusta hacerlo. Si eso fuera cierto, Mis amados, ¿entonces por qué lo hacen?
¿Por qué se yergue al mundo como un objeto de desdén? ¿Por qué lo golpean en sus conversaciones? ¿Deben sostener al mundo en sus manos, como si lo estuviera, y sacudirlo, reprenderlo, derribarlo y desecharlo como si les fuera indigno?
Ustedes han creído que el mundo debe bailar a su ritmo, que es mejor que se enderece y los complazca en mejor medida de lo que hasta ahora lo ha hecho; entonces ustedes lo amarán. Antes de amar al mundo, ustedes ponen condiciones. Yo digo que amen al mundo ahora. Amenlo con desprendimiento. Es Mi creación. Hay abundancia en Mi creación a la cual favorecer. Comiencen rodeando al mundo con sus brazos. Comiencen a colocar leis de flores alrededor de su cuello.
Traten al mundo así como tratan a su caballo.
No maltraten al mundo, denle una mano, bendíganlo. Este necesita de sus bendiciones. Está hambriento de ellas. Apilen sus bendiciones sobre el mundo. No lo dejen para alguien más. Ustedes están para servir al mundo como ustedes quisieran que les sirviera. Sean nobles con el mundo. Ustedes provienen de la nobleza, amados. Traten al mundo como este anhela ser tratado. Ya no rumoren acerca del mundo y cómo este les ha incumplido. Lo ha hecho, Yo lo sé. ¿Preferirían continuar quejándose sobre el estado de las cosas, o preferirían elevar más alto al mundo? ¿Qué es lo que realmente desean?
Yo les imploro que muestren al mundo cómo debe ser. Muestren al mundo cómo debe verse. Denle al mundo otra imagen de sí mismo. Sean un artista. Sean un vocero. Diríjanle al mundo una palabra amable o dos. Ustedes desean que el mundo los honre, así que ustedes honren al mundo y éste les corresponderá. Denle al mundo una pizca de aprecio y este les dará una tonelada. No muerdan la mano que los alimenta. Sean agradecidos.
¿Cuántas veces les he dicho que dejen el pasado? ¿De dónde pueden provenir las quejas sino del pasado? ¿Quieren retener al mundo en su accidentado pasado o desean liberarlo? ¿Qué importa el pasado cuando ahora hay un lienzo frente a ustedes sobre el cual pueden pintar? Bien, ¿qué es lo que quieren?
Quizá cuando se levanten por la mañana, puedan acordarse por qué están tan alegres. Ese será un recordatorio que valga la pena. Si se golpean el dedo del pié al levantarse, en lugar de maldecir, alégrense porque pueden levantarse. Alégrense porque tienen un dedo. Alégrense de que se extienda un mundo ante ustedes y de que estén vivos en él y de que puedan hacer del mundo lo que quieran con tan sólo dejar ir su pasado.